EL PÚBLICO (UNA ORDALÍA) (Publicado el 12 de agosto de 2006)
Los fastos del medio centenario de RTVE dan para mucho. Por ejemplo, para fijarse en la evolución de ese gremio de santos inocentes que saldrían indemnes de cualquier juicio sumarísimo: el público. No la masa ciega de espectadores, sino los pacientes asistentes a un plató, santos (varones y hembras) y señas de identidad de la evolución de un país.
Cualquiera que enchufe ese filón retro llamado Clan/TVE 50 puede asistir a un desfile espectral y alucinante: desde los rústicos sustitutivos con gafas negrísimas del «Cesta y puntos» hasta las niñas bien con hombreras-andamios del «Un, dos, tres» noventero, pasando por los modernos desubicados y aplatandos de «La edad de oro» o las alegres cuellicortas expulsadas a paletadas del autocar de línea al casino de Torrelodones para ver a Rockefeller y Monchito. Entrañable, en verdad. Ahora, el público ha ganado estatus, aunque el bocata que les endiñan siga siendo de chopped. Tienen opción de ser comodín crucial de concursos preguntones, protagonistas nerviosetes de programas de magia o, como en «Mira lo que ven», críticos de televisión diletantes, toma intrusismo por la cara.
Eso sí, el camino ha sido largo y duro. ¿O no se merece el cielo cualquier asistente a las telepasiones navideñas, a los debates mecheriles de algún reality o, en fin, a aquella tronchante pantomima de Leticia Sabater con invitados despechados pegándose de mentirijillas y aguantándose la risa? Ahí va una propuesta para algún canal temático: 24 horas consagradas a emitir planos de público indiscriminadamente: sus reacciones, sus carcajadas flojas, sus miedos, sus cabezadas... un poco en plan Warhol y con un premio de bote si se adivina a qué programa pertenecen. Y, hablando de enlatamientos, ¿algún día se desvelará el misterio de quién se oculta tras las risas ortopédicas de programas como «Agitación + IVA» o su apéndice innecesario (sobre todo para Tricicle) «Teletipos»? Bueno, si no da igual.
