Alguien de toda confianza dijo una vez que el primer síntoma de madurez obligatoria es preguntarse por qué los dibujos animados tienen sombrero y camisa pero no pantalones (menos Maguila, que es un dandy). Cualquiera que enchufe el canal Boomerang puede ampliar tal regresión traumática y establecer extrañas intrigas que a nuestra mente infantil se le escapaban. Por ejemplo, ¿qué parentesco hay entre el señor Peebles, el celador gorilero y Pebbles, la benjamina de «Los Picapiedra»? ¿A qué ese apellido alterado? ¿Existiría prueba de ADN en la Prehistoria? ¿Son siameses los gatos de Hong Kong Phooey y Alicia en el país de las maravillas? ¿Estamos ante un caso de fuga de bigotes? Y, hablando de mininos, ¿cómo se llama el amarillento lugarteniente de Don Gato: Benny, Benito Bolita o Bolinche? ¿Por qué tanto cambio de identidad? ¿Será de la CIA? Y ya que estamos con conspiraciones, ¿son el inspector Clouseau y el señor Rossi el mismo agente doble? ¿Maquinarán una entente italo-francesa para dominar Europa? Menos mal que la animación extrema estilo «Happy tree friends» o la resucitada «South Park» no es tan maquiavélica y llama al pan, pan y al mojón, mojón. Aunque, ¿no tiene un aire el señor Garrison a Rodrigo Rato? Retuerce, que algo queda.