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Terra
La Coctelera

"PATA DE CONEJO" (publicada el 2 de mayo de 2007)

¿Cómo se sentiría un crío al descubrir que es el mismísimo Willy Wonka mientras se da un garbeo por su propia fábrica de chocolate? Justamente eso es el género fantástico. Un abracadabra con dos llamas en cada vela que el domingo alumbró su última criatura (no, no es la borbónica que todos están pensando): “Habitación perdida” (Cuatro), pata de conejo, más que de cabra, sobre portales interdimensionales que, además de ensayar un insólito politeísmo cosificador (un personaje desliza la idea de que los objetos misteriosos son trocitos de Dios), entronca directamente con esa “Twilight Zone” del gran Rod Serling, mil veces imitada (“no intenten sintonizar su receptor...”) pero nunca descifrada, aparte de con “Hotel Dusk”, revolucionario videojuego de la Nintendo DS sobre una habitación que “concede deseos”. Sus dos primeros episodios contienen elementos suficientes para enganchar al fan, aunque decepciona la inclusión de la trama dramática de la hija desaparecida, como si los guionistas no confiaran en la ciencia-ficción pura y pelada. Quizá esa sea la diferencia entre una serie de culto y otra más sobre detectives. “Wait and see”. Aunque, para fenómenos extraños, cierto espacio nocturno presuntamente erótico de la cadena alemana DSF sobre chicas teUtonas (vestidas) que intentan salir de barrizales con sus coches. Toma fetichismo. Siempre hay alguien más friqui que tú.

¿HAY ALGO AHÍ DENTRO? (publicado el 23 de abril de 2007)

Nos lo temíamos: los últimos estrenos de la cadena teóricamente con más energía ye-yé de la parrilla (La Sexta, supongo) han vuelto a demostrar que la cosa está que arde de puro hielo glaciar. Ni la reválida de “Sabías a lo que venías” (nunca tantos hicieron tan poco con tantísimo; sabías a lo que te exponías, ¿verdad Segura?) ni ese “Scary Movie” descarado que atiende a “Fenómenos” aportan al panorama lo que un pelo del bigote de Earl, me llamo Earl. Qué vamos a hacer... Pero como somos de naturaleza optimista, a pesar del careto del fotomatón, busquemos algún atisbo de luz novísima. Por ejemplo, cómo no, del mundo del videojuego, única industria que ha innovado “algo” en los últimos 20 años: esta semana, los respectivos gigantes Electronic Arts y Endemol anunciaron “Virtual Me”, un fomato de interacción online para participar en concursos, realities y otras hierbas a golpe de click. Aún está en pañales pero, francamente, promete e ilusiona. Y, en la otra esquina, allende los mares, “31 minutos”, un rompedor noticiario infantil de la tele chilena que lo mismo parodia a Daft Punk que presenta a un superhéroe llamado Calcetín con Rombos Man. Brutal. Ya está inundando YouTube, web que, por cierto, se está convirtiendo en una televisión a la carta de rechupete. Igual por ahí irán los tiros, mira a ver.

VIEJOS FUERA (publicado el 12 de abril de 2007)

Ni Dostoievski hubiese escrito “Los hermanos Karamazov”, ni Kant hubiese criticado la razón pura (ni mucho menos práctica), ni Eastwood filmado su última media docena de obras maestras. Si hubiesen trabajado en la nómina de RTVE, todos a la calle antes de los 60, y aquí paz y después ERE. Al ente le pasa lo que a la ciencia-ficción cincuentera: tiene la humanidad en peligro. Aunque, más bien, la imagen de ilustres veteranos deportivos (sin ir más lejos) con la marca de la patada en el culo aún reciente recuerda a las almas en pena de “La noche de los muertos vivientes”. De la Casa, Barthe, Parra, Requena, Roselló, Recio, López... acaban de gozar, o gozarán en breve, de su minuto de gloria crepuscular, a veces con un sencillo rótulo impresionado y otras con una postrera (o incluso primeriza) mirada a cámara, para que los espectadores pongan cara a una voz mil veces escuchada y disfrutada. El mítico Chick Hearn retrasmitió, cada vez con más maestría, los partidos de los Lakers hasta los 85 años. Los angelinos le retiraron el número (bueno, el micrófono) y le reservaron un trocito de Figueroa Street. Lacrimógenos yanquis... Aquí, unas pantuflas y al asilo. Ya se sabe, que no molesten mucho estos viejos. Así nos va.

IMÁGENES IMAGINARIAS (Publicado el 9 de abril de 2007)

El finado Coll dando paso a publicidad en «¿Hablando se entiende la gente?» con su “No se vayan que les persigo”. Una jovencísima y megapijísima Lydia Lozano haciendo ojitos a Jesús Vázquez en la versión «basca» del formato. La pícara frutería de las «chicas Chin-Chin» en «Ay, qué calor» (pionero en el despelote del concursante, como fugazmente retomó Anabel Alonso en «Distracción fatal»). Benny Hill entrevistado por Imperioso en «Las noches de tal y tal». Poli Díaz y Mickey Rourke jugando al futbolín-tontín en «Goles son amores». Bertín despeinado y derrengado en el sofá-flanera de «Contacto con...tacto». Mr. T de invitado especial en fin de año en «El gran juego de la oca». Chiquito despuntando en «Genio y figura». El pelícano sonriente y el efecto F. El príncipe de Bel-Air y Los Simpson. La rebotica de los Cano y el fonendoscopio de Milikito... ¿Por qué solo Hermida y el ente público pueden darle a la moviola en su eterna «La imagen de tu vida»? ¿No tienen derecho las privadas, ya mocitas, a su porción de nostalgia? ¿No es la cincuentona tele de todos y cada uno? Pues hala, a tirar de archivo, que es gratis y divertido. Total, para lo que hay que ver hoy día... ¿O qué?

PERO CIERTO (publicado el 26 de marzo de 2007)

Como quien fumiqueaba de quinceañero en el retrete, seguro que más de uno está abonado secretamente a “Esto es increíble”, el primer programa conducido por un par de piernas acabadas en una chica rubia. Ah, qué recuerdos de adolescencia con su primera versión yanqui, con esos volcanes de laca en erupción y esas hombreras antigravitatorias de los presentadores. Ahora, el subgénero pánico ha bajado los suyo: ración de capeas, volantazos (policiales o comarcales) y charcutería playera y radiofónica de la mano del pilluelo Howard Stern. Lo normal. Será que lo realmente increíble se cuece “intra muros” de la pequeña pantalla. Por ejemplo, que la “res” pública siga otorgando cuartelillo a los birlibirloques de Anthony Blake (si sacara al enano de la lotería...), que a “Los Serrano” les hayan dado chuleta por ibérico fichando a Mejide, que cualquiera pueda arrasar en el prime nocturno buscando en el fondo del revistero de la abuela, que el pobre polígrafo tenga la culpa de algo (el otro día un ex agente de la CIA, asesor de la última de De Niro, me respondía vía telefónica en plan Vicky Pollard: “Sí, pero no, pero sí...”)... Así que, visto lo visto, me quedo con dos certezas: el gran ciclo de cineastas latinos de TCM y las yoyas históricas de “KO TV”. Y eso que la antena colectiva de Onda 6 la tengo a la virulé...

MIEDO Y CANSANCIO (publicado el 26 de febrero de 2007)

Y asco, claro. Pero sobre todo miedo. No solo a “quedarme dormido durante la noche” o “a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía”, como rimaba Carver, que también. Miedo al miedo, que quizá es la forma más sutil de cobardía, esa sensación tan humana que, en formato televisivo, suele despacharse con censura previa, ahora tan de moda. Al tema: una semana más, Telecinco pasa olímpicamente de “Películas para no dormir”. Se quedaron atrancadas allá por el 19 de enero, con el espléndido episodio de Jaume Balagueró (el primero de Álex de la Iglesia fue aún mejor, quizá el más inteligente trozo de terror catado en años) y aún siguen en coma. Ni con el chute de House a Larroquette (Dios, qué viejo) parecería resucitar. Lo peor del caso es que se han parado en “La culpa”, el regreso de Ibáñez Serrador a la ficción terrorífica (televisiva) en 25 años. ¿A que hay que ser memos? Dicen que Maupassant frecuentaba el restaurante de la torre Eiffel a pesar de haberla puesto a caldo mil veces. “La única forma de no verla es estar en ella”, se defendía. Pues eso: para no sentir repelús ni arcadas, lo mejor es trabajar en televisión.

¡CHANANTE! (Publicado el 11 de julio de 2005)

En un oscuro y dadaísta rincón de la caja tonta, arropado por legiones de fans y un cerrado acento conquense, uno de los contadísimos programas de culto de la parrilla digital, analógica o patafísica cristaliza fátimamente ante nuestros ojos el primer domingo de cada mes. Sí, amigos, es «La hora chanante», una loquilandia orquestada por Joaquín Reyes y sus gambiteros compinches que desde hace tres años aúna el humor absurdo con el cazurro y defiende las imitaciones en medio del salón de té de los monólogos elitistas. Claro que menudas imitaciones. Mike Tyson, Björk, Tim Burton o, en el último programa, Mario Kempes y el envidiado Hugh Hefner. Chúpate esa mandarina.
A estas alturas de la película, defender el Spectrum frente a la PlayStation 3 y a Tachenko frente a Shaquille tiene un rato largo de mérito. Pero seamos claros: revenida la empanadilla mostoleña, con Joshua!!! de legionario jubilata y con el «ir pa ná es tontería» ampliamente superado por el churretoso vocabulario chanante, la invasión de los humoristas marcianos es lo más saludable que ha visto el género. Ni la perilla de Buenafuente, casi. Ese Gañán bocaseca, ese Superñoño flojeras (toma nota, Marvel), ese Loco de las Coles al que tenía que haber conocido Breton o Jodorowsky. ¿Para qué resistirse? El imperio de la tontuna contraataca. Ay, mamá.

MAMÁ, PUPA (Publicado el 3 de agosto de 2005)

La psicotrónica y lejana primera temporada de Telecinco (aquella que confiaba tanto en el coeficiente neuronal de su audiencia que no se atrevía a poner 23.30 sino 11.30) ya escribió una gloriosa etapa del sadomasoquismo garrulo con «Humor amarillo», casquería ejemplar con Kitano al frente que, aparte de lobotomizarnos la compasión humana, sentó bases para nuevas riadas de sudor con sangre. El primero en recoger el testigo fue «Jackass», invento pergeñado por el cult-cineasta Spike Jonze, donde Johnny Knoxville (flamante chico Waters, las catástrofes se tocan) y sus huestes se sometían a vejaciones y trompazos de ver para creer.
Tal fue el éxito que MTV, la cadena matriz, generó un par de satélites: «Viva la Bam», versión hard-familiar que se ceba en la papada estratosférica del tío de la criaturita, Don Vito; y «Wildboyz», con dos zumbados en tanga emulando a sir David Attenborough dejándose picotear por tucanes, comadrejas y demonios de Tasmania. El tope snuff se alcanzó con «Dirty Sánchez», donde el nivel de huesos rotos y risas flojas competía con el de subnormalidad profunda y masiva. El instinto de goce ante el sufrimiento ajeno voluntario nunca muere. Seduce. Engancha. Nos vivifica. «Ha llegado la hora de las tortas», brama La Cosa. Mientras no salpiquen demasiado, venga.